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GAIA


En el centro del círculo me encierro en el intento de sentir el elemento de poder que mantiene viva la creación latiendo como un solo instrumento. Y es que estamos en el tiempo de cosechar nuestro alimento y saciarnos con todo lo que nos merecemos.
En aquel intento apareces, como viento, bailando danzas circulares, delimitando el flujo de los tiempos; hablando con tu voz en canto, con la sutilidad de las hadas y las ninfas cuando repasan sus sortilegios. Me envuelves en tu espiral, haciéndome tu centro, y manejo la mirada buscando tu cuerpo.
Y creo que te extraño demasiado, pues al querer buscar poder, en aquello te veo; y luego considero: si en la visión de motivaciones para percibir el real encuentro entre mi razón y el creador, todo me ha coincidido hacia la tonalidad de tu voz;
entonces en cuanto a la creación, no es que viva como un solo momento, sino que cuando tú apareces las realidades se fusionan en un solo sentimiento y todo se detiene a disfrutarte y detienes el tiempo, todo cuando tu movimiento es la danza de tu caminar en el camino que me dirige hacia tu puerto.
En el centro del círculo de las hadas, los antiguos construyeron tu morada para que vivas como diosa, reina, mujer, madre, gaia, y alrededor tuyo, elaboraron los templos en los que ellos rezan la gratitud de tenerte como su amada.

COSA PEQUEÑA



Mi mujer menciona que su vida sabe a trazas de alegría, cuando de su pensamiento depurado en amor, por la referencia de su voz en sinfonía (cuando hablas), canta los aromas que emana su alma, el momento en que está totalmente lúcida y en armonía (todo el día). Y me habla su sabiduría. Intento crear lo más grande, lo más intenso, eterno, violento, para favorecer mi presencia dentro de ella y así abrir las puertas de su corazón somnoliento. Y me sueña. Y me enseñas. Y me desvivo construyendo mega alegorías para su morada y que su alma perviva viviendo por dentro de los imperios que mi amor le va haciendo. Y me enseña, y me dice: si de amor estoy cubierto, si la amo (totalmente cierto), el camino es un solo rumbo de refugios que apenas alcanzan a cubrirnos con sus señas, la magia se enfrenta en conjuros que no permiten más tristezas. Te creo universos, disfrutas tan solo con las estrellas. Te elaboro castillos, te deleitas con las arenas. Te amo con todo lo que tengo, y lo sientes realmente tan solo revelándote mis penas. Y me enseñas, con la sublimidad de tu querella, que el amor está en las cosas pequeñas.
Mi espíritu entiende tu moraleja, y en aquella conjunción amorosa de tener contigo un puente directo entre el amor y la belleza, me dedicas tus pensamientos y me reduzco al mínimo concepto en la espera de que tu alma me haga su pertenencia.
Que me haga su cosa pequeña.

EROS V: TU PIJAMA


Te dibujo delineando mi puntillismo en la densidad de tus blancos/negros y tus sombras; hago trazos acorazonados para delimitar tus partes más hermosas (es decir: toda), con rasgos perfilados en tonos cenizos para tus cabellos y escarlatas para tus labios.
Para tu piel, la técnica destaca una aerografía de tonos blancos, levemente cobrizos, de brillos anaranjados; y es que te imagino de lado, y de marco un gran océano justo en el encuentro del ocaso.
Sigo pincelando y apareces completa y desnuda, entera y con dudas, en una sola pieza de arte; elevada el ego por tu entorno, por el océano, por el sol, por el ocaso, por enamorarte; y te sonrojas, y en tu timidez no me queda más remedio que arroparte: pechos rosados (con puntitos marrón), caderas cafés, y yo como una sombra cubriéndote tus partes, justo antes de acostarte.
Vestida y acremada, me buscas en tus sueños para que pueda desnudarte.
Y amarte.

TU LIENZO


Hay una conjunción de sistemas solares que perfilan la luz que ya no nace, simplemente existe. Entre ellos se reflejan, rebotan y hacen de su haz un elemento que permite visualizar la eternidad de esta existencia relativamente fugaz.
Y así en lo inmensamente grande la analogía la ratifico cuando veo y me imagino tantos novios y tantas novias de la mano cómo irradian su luz al caminar con su astro a su lado, eclipsando todo lo demás. Y se besan y se hablan de lado, sonriendo la alegría de expresar algo divino, abrazándose para no soltarse jamás.
Y en cada beso se repite el suceso de afirmar que eso es lo que quiero, que eres lo que quiero.
Y así camino, percibiendo tu ausencia, pero alegre por todo lo que en mí has creado, feliz por tu libertad, y muy contento, pues contigo, mi vida es como que recién hubiera comenzado; convertido en tu piel, mi lienzo está en blanco, para que escribas en mí, con tus besos, todo lo que has soñado.
¡¡¡Qué lindo que es estar enamorado!!!

TU MIRAR

Y de nuevo en la sobriedad de los túneles en los que viajo,
me asoman las salidas, y vuelvo al laberinto de salir o entrar,
la decisión la manejo de acuerdo a mi ensoñar,
y en aquello me desvanezco esperando un posible encuentro,
una solución a un acertijo de muchos años atrás.
En toda esta oscuridad, mi mano va tanteando el horizonte,
en el que la realidad se vuelve estática, y los muros del poniente
revelan  un puka inti reinante que se hunde en el océano a descansar.
Todo evoca la figura de las ninfas que caminan sobre el mar,
y todas ellas danzan su movimiento de acuerdo al oleaje,
que permanece ondulante esperando al compás del viento,
que refresca la alegoría en la que apareces y te vuelves una ola más.
Y revientas contra toda esta realidad,
derramando tu hermosura sobre todo lo que avanzas a mojar.
Y te mezclas con el agua, siendo agua, y mojas el mar, siendo sal,
y las ninfas te circundan la ira,
y tus ojos enceguecen su danza circular,
y ellas, bailando a la deriva, te ruegan por su vida,
y tú, derramando tu hermosura,
sonríes y todo vuelve a la calma total.
Sonrisa, ojos, mirada y mar,
me vuelven al laberinto en el que cabe dilucidar,
mi afán por amarte sabiéndote diosa,
conociendo tu ira, percibiendo tu amar.
Y en la luz del faro de la guía que me ilumina mi navegar,
solo se muestran tus ojos, al fondo del laberinto,
del sueño que me invita el devenir de crisálida a volar,
y morir como mariposa nocturna en el brillo de tu mirar.
Hoy mi deber era escribirle a tus ojos,
pero entre tu ver y tu mirar, en la ventana de tu espíritu,
para poder apreciar la hermosura de tu alma,
me quedo con tu mirar.
Pues tus ojos me enceguecen, y tu mirar me enamora más,
tus ojos son el sol y tu mirar es la caricia al mar,
tu ojos son la ira, tu mirar es el amar.

DELIBERARTE

Hoy se han juntado los ancianos a deliberar sobre todo lo que encierra el estar en armonía con el cosmos. Hoy han tomado la referencia de su ser como animales de un entorno, en el cual ellos permanecen como sabios, y como entes de enlace para que el conocimiento divino se haga perpetuo. Transmiten sus pensamientos. La tierra los escucha. Resuena el batá, marcando un corazón y se escucha al Pow Wow. Todos cantan y en su canto, se mueve el suelo invitando al viento a bailar (estructurando sirenas de arena, con luces de mariposas, y las más hermosas flores en racimos, que van formando tu figura, y todo se vuelve explícito para su razonar), y en aquel torbellino de ideas todos hablan su sabiduría; y en este mencionar yo voy apuntando la escritura de este ensoñar. Las palabras no tienen un orden, el pensamiento no es lineal. Todo el saber se reduce a una forma infinita de figuras preconcebidas desde la antigüedad, y de ahí se parte al hecho de que todo existe sin ser casualidad. Hay una causa para todo ello. He juntado a todos mis ancianos de mis sueños, y en sus cantos y en sus rezos, en sus músicas, en sus danzas y en sus vuelos, todos te figuran como la armonía, el cosmos, la totalidad. Hay un círculo que gira en torno a mi existencia, hay una flor que crece en el centro de mi realidad, hay un resonar de voz melodiosa que acompasa mi caminar, hay un hecho que invita a mi alma a bailar, hay un torbellino de ira que retumba mi volar, hay toda esta causalidad. 
Hoy he juntado a todos mis ancianos a deliberar, la hermosura de tener tu ausencia como un hecho, de extrañarte una infinidad, de amarte en exceso; de querer entregarme en el hecho de anhelar tu presencia y que de mi alma te puedas alimentar, para tu felicidad.

EROS IV (AMOR)


Otra noche y te extraño en exceso. La visión de tu pecho que domina mi cuerpo, aplastando mi silencio, desata en mi corazón un éxtasis de fuego. Me besas y te abrazo con todo mi beso. Te mantienes encima, sacudes tu ira pendiente de mi alegría y me conduces en un viaje ondulante de vaivenes candentes acompasados en besos, suspiros, teamos, gritos y ruegos. Y en aquel movimiento, vas moldeándome y nuevamente haciéndome pequeño. Mi amor se acompasa al ritmo de tu alma escuchando el caudal de tu sangre que delata su deseo de ser uno conmigo para el resto del tiempo, y ser eternos. En mi orgasmo extracorporal cierro los ojos y te veo. Quise dormir en el rincón de tu lecho, donde el que te acompaña no reconoce mi aliento, y me escabullí hacia tu sexo. Y amanezco guarecido y clandestino, escondido, absorbido y repleto de amor, entero y contento; dentro tuyo: exquisito momento.