Cruzando
la cornisa, en tu balcón, mirándote dormida, vigilo tu descanso: tan pequeña,
tan envuelta entre cobijas, asomando apenas la desnudez de tus pies hasta las
rodillas, e insinuándome la delicada curva de tus caderas que me hipnotizan.
Alargo
el brazo desde la ventana a tu cama rozándote ansioso lo que a mis ojos se
esconde, y la imaginación se inventa el paraíso de esperarte despierto a que te
descubras y que la desnudez que me muestras en tus piernas, sea completa a todo
tu cuerpo.
En la vigilia de mis sueños, soy el espía de tu rincón secreto, el que
te acaricia el sexo con los ojos cada vez que te mira discreto. El que te
limpia los pasos, el que te sopla los vientos para tus vuelos diarios, de la
noche al ocaso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario